Drama
Para
este apartado se ha elegido la estrategia : “escribir un drama” que consiste en
escribir un drama breve. Además, esta actividad está concebida para alumnos de
segundo de primaria. Esta actividad está concebida para alumnos de segundo de
primaria porque posee poco texto ( fácil de aprendérselo de memoria) y tiene
pocos personajes ( así no se pierden durante la actuación). Además, el tipo de
lenguaje utilizado es sencillo y asequible. El tema, el encuentro de un
extraterrestre es adecuado ya que los alumnos tienen mucha imaginación y les
gusta los personajes imaginarios. Además, como tema está el de la educación,
que poco a poco son capaces de entender y el de la amistad con un extraterrestre,
tema, que, a esta edad es muy importante para ellos.
Un extraterrestre en La Salle
Un extraterrestre en La Salle
Narrador : diez de la mañana, Alberto llega en autobus a LaSalle. En la entrada, ve una barrera de gente. Curioso se acerca a la muchedumbre.
Alberto ( dirigiéndose a alguien) : ¿ Qué pasa? ¿ Por qué hay tanta gente?
La persona : Adéntrate y mira por ti mismo. Ya me contarás.
Alberto ( se adentra a ver y vuelve con la persona de antes) : ¡ Es impresionante ! Ya no hay edificios, en vez, hay una inmensa nave espacial, con alas y cola incluída.
La persona : ¡ A que sí ! yo estoy halucinando. ¿ Habrá extraterrestres dentro?
Narrador : picado por la curiosidad y un poco nervioso, Alberto decide abrirse paso entre la muchedumbre hasta llegar a la puerta de la nave. De repente, la nave se ilumina y con una cancioncilla sale un extraterrestre grande y azul.
Extraterrestre ( con voz aguda) : Hola, vengo de otro planeta y me gustaría saber cómo educais a vuestros hijos en este planeta. ¿ Te gustaría ayudarme?
Alberto ( boqueabierto) : Sí, por supuesto, yo te enseño todo lo que sé.
Narrador : Junto a Alberto el extraterrestre aprendió muchas cosas útiles e interesantes sobre cómo educaban los humanos a sus hijos. El extraterrestre iba a volver pronto a su tierra natal, pero antes habló con Alberto.
Estraterrestre ( dirigiéndose a Alberto) : Me ha gustado mucho mi estancia aquí y toda la ayuda que me has aportado. Muchas gracias. Pero antes de irme me gustaría preguntarte algo : ¿ quieres venirte conmigo a mi planeta ?
Alberto : ¡ Sí! por supuesto.
Narrador : Y los dos juntos viajaron hasta el fin del mundo.
Verso
En el verso, la estrategia escogida es : “poemas
enredados” que consiste, con dos poemas breves, entremezclamos sus versos y
creamos un nuevo poema.
Los dos poemas breves escogidos son “ La primavera
besaba” de Antonio Machado y “ El puñal entra en el corazón” de García Lorca.
Además, estas actividades han sido pensadas para alumnos
de tercero de primaria. El texto es breve, con un lenguaje asequible con los
alumnos. El hecho de entremezclar los versos hace que los temas de los dos
poemas se entremezclen, facilitando su interpretación. Además, las
ilustraciones están para ayudar al alumno a comprender el poema.
Se ha convertido
este nuevo poema en un libro de aula.
El libro es el siguiente :
Prosa
Aquí, la estrategia utilizada es “los distintos” que
consiste en transformar una historia conocida ( en este caso, Rapunzel) con
elementos distintos. Por ejemplo, los tres cerditos en tres cafeteras.
El año escogido ha sido cuarto de primaria. El texto es
un cuento folclórico con una estructura lineal, sencilla, adaptada a los
alumnos porque la entienden. El texto es
un poco más largo, pero es adecuado ya que los alumnos lo pueden entender y la
estructura lineal facilita la comprensión. El tema de la historia es el amor,
tema que despierta el interés a los alumnos ya que poco a poco se van haciendo
mayores y les interesa.
Rapunzel
Había una vez un caballo y una yegua que vivían solos y
desconsolados por no tener hijos, hasta que, por fin, la yegua concibió la
esperanza de que Dios se disponía a satisfacer su anhelo. La casa en que vivían
tenía en la pared trasera una ventanita que daba a un magnífico jardín, en el
que crecían espléndidas flores y plantas; pero estaba rodeado de un alto muro y
nadie osaba entrar en él, ya que pertenecía a un águila muy poderosa y temida
de todo el mundo. Un día, se asomó la
yegua a aquella ventana a contemplar el jardín, y vio un bancal plantado de
hermosísimas verdezuelas, tan frescas y verdes, que despertaron en ella un
violento antojo de comerlas. El antojo fue en aumento cada día que pasaba, y
como la yegua lo creía irrealizable, iba perdiendo el color. Viéndola tan
desmejorada, le preguntó asustado su caballo :
-“¿ qué te ocurre, yegua?”
- “¡ Ay!” exclamó ella, “ me moriré si no puedo comer las
verdezuelas del jardín que hay detrás de nuestra casa”.
El caballo, que quería mucho a su yegua, pensó : “ Antes
que dejarla morir conseguiré las verdezuelas, cueste lo que cueste”. Y, al
anochecer, saltó el muro del jardín del águila, arrancó precipitadamente un
puñado de verdezuelas y las llevó a su yegua. Ésta se preparó enseguida una
ensalada y se la comió muy a gusto; y tanto le gustaron, que, al día siguiente,
su afán era tres veces más intenso. Si quería gozar de paz, el caballo debía de
saltar nuevamente el jardín. Y así lo hizo, al anochecer. Pero apenas había
puesto las coces en el suelo, tuvo un terrible sobresalto, pues vio surgir ante
sí el águila.
-
“¿ Cómo te atreves” le dijo ésta con la mirada iracunda,
“ a entrar cual un ladrón en mi jardín y robarme las verdezuelas? Lo pagarás
muy caro”.
-
“¡ Ay!” respondió el caballo, “ tened compasión de mí. “
Si lo he hecho, ha sido por una gran necesidad : mi yegua vio desde la ventana
vuestras verdezuelas y sintió un antojo tan grande de comerlas, que si no las
tuviera se moriría”.
El águila se dejó ablandar y le dijo :
-
“ Si es como dices, te dejaré coger cuantas verdezuelas
quieras, con una sola condición : tienes que darme el hijo que os nazca. Estará
bien y lo cuidaré como una madre”.
Tan apurado estaba el caballo, que se avino a todo y,
cuando nació el potro, que era una, se la presentó al águila y, después de
ponerle el nombre de Verdezuela; se la llevó.
Verdezuela era el potro más hermoso que viera el sol.
Cuando cumplió los doce años, el águila la encerró en una torre que se alzaba
en medio de un bosque y no tenía puertas ni escaleras; únicamente en lo alto
había una diminuta ventana. Cuando el águila quería entrar se colocaba al pie y
gritaba :
-
“¡ Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Verdezuela tenía un cabello magnífico y larguísimo, fino
como hebras de oro. Cuando oía la voz del águila se soltaba las trenzas, las
envolvía en torno a un gancho de la ventana y las dejaba colgantes : y como
tenían veinte varas de longitud, el águila trepaba por ellas.
Al cabo de algunos años, sucedió que el hijo del Rey
león, encontrándose en el bosque, acertó a pasar junto a la torre y oyó un
canto tan melodioso, que hubo de detenerse a escucharlo. Era Verdezuela, que
entretenía su soledad lanzando al aire su dulcísima voz. El príncipe león quiso
subir hasta ella y buscó la puerta de la torre, pero, no encontrando ninguna se
volvió a palacio. No obstante, aquel canto le había arrobado de tal modo, que
todos los días iba al bosque a escucharlo. Hallándose una vez oculto detrás de
un árbol, vio que se acercaba el águila y la oyó que gritaba, dirigiéndose a lo
alto :
-“¡ Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Verdezuela soltó sus trenzas, y el águila se encaramó a
lo alto de la torre. “ Si esta es la escalera para subir hasta allí”, se dijo
el príncipe león, “ también yo probaré fortuna”. Y al día siguiente, cuando ya
comenzaba a oscurecer, se encaminó al pie de la torre y dijo :
-“¡ Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Enseguida descendió la trenza, y el príncipe león subió.
En el primer momento, Verdezuela se asustó mucho al ver un león, pues jamás sus
ojos habían visto ninguno. Pero el príncipe león le dirigió la palabra con gran
afabilidad y le explicó que su canto había impresionado de tal manera su
corazón, que ya no había gozado de un momento de paz hasta hallar la manera de
subir a verla. Al escucharlo perdió Verdezuela el miedo, y cuando él le
preguntó si lo quería por esposo, viendo el potro que era joven y apuesto,
pensó, “ me querrá más que el águila”, y le respondió, poniendo la mano en la
suya :
-
“Sí, mucho deseo irme contigo; pero no sé cómo bajar de
aquí. Cada vez que vengas, tráete una madeja de seda; con ella trenzaré una
escalera y, cuando esté terminada, bajaré y tú me llevarás en tu carruaje”.
Convinieron en que hasta entonces el príncipe león acudiría
todas las noches, ya que de día iba el águila. El águila nada sospechaba, hasta
que un día Verdezuela le preguntó :
-
“Decidme, tía Gothel, ¿ cómo es que me cuesta mucho más
subiros a usted que al príncipe león, que está arriba en un santiamén?
-
“¡ Ah, malvada!”
exclamó el águila, “¿ qué es lo que oigo? Pensé que te había aislado del mundo,
y, sin embargo, me has engañado”.
Y furiosa, cogió las hermosas trenzas de Verdezuela, les
dio unas vueltas alrededor de su mano izquierda y, empujando unas tijeras con
la derecha, zis, zas, en un abrir y cerrar de ojos se las cortó, y tiró al
suelo la espléndida cabellera: Y fue tan despiadada, que condujo a la pobre
Verdezuela a un lugar desierto, condenándola a una vida de desolación y
miseria. El mismo día en que se había llevado al potro, el águila ató las
trenzas cortadas al gancho de la ventana , y cuando se presentó el príncipe
león y dijo :
-
“¡ Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
El águila las soltó, y por ellas subió el hijo del Rey
león. Pero en vez de encontrar a su adorada Verdezuela se halló cara a cara con
el águila que lo miraba con ojos malignos y perversos. “¡Ajá!” exclamó en tono
de burla, “querías llevarte al potro bonito; pero el pajarillo ya no está en el
nido ni volverá a cantar. El gato lo ha cazado, y también a ti te sacará los
ojos. Verdezuela está perdida para ti; jamás volverás a verla”. El príncipe
león, fuera de sí de dolor y desesperación, se arrojó desde lo alto de la
torre. Se salvó la vida, pero los espinos sobre los que fue a caer se le
clavaron en los ojos, y el infeliz hubo de vagar errante por el bosque, ciego,
alimentándose de raíces y bayas y llorando sin cesar la pérdida de su amada
potro. Y así anduvo sin rumbo por espacio de varios años, mísero y triste,
hasta que, al fin, llegó al desierto en que vivía Verdezuela con los dos
potritos-leoncitos gemelos, un macho y una hembra, a los que había dado a luz.
Oyó el príncipe león una voz que le apreció conocida y, al acercarse, reconoció
Verdezuela y se le echó al cuello llorando. Dos de sus lágrimas le humedecieron
los ojos, y en el mismo momento se le aclararon, volviendo a ver como antes. La
llevó a su reino, donde fue recibido con gran alegría, y vivieron muchos años
contentos y felices.


Perfecto.
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