Drama
Para este
apartado se ha elegido la estrategia : “escribir un drama” que consiste en
escribir un drama breve. Además, esta actividad está concebida para alumnos de segundo de primaria.
Un extraterrestre en La Salle
Narrador : diez de la mañana, Alberto llega en autobus a LaSalle. En la entrada, ve una barrera de gente. Curioso se acerca a la muchedumbre.
Alberto ( dirigiéndose a alguien) : ¿ Qué pasa? ¿ Por qué hay tanta gente?
La persona : Adéntrate y mira por ti mismo. Ya me contarás.
Alberto ( se adentra a ver y vuelve con la persona de antes) : ¡ Es impresionante ! Ya no hay edificios, en vez, hay una inmensa nave espacial, con alas y cola incluída.
La persona : ¡ A que sí ! yo estoy halucinando. ¿ Habrá extraterrestres dentro?
Narrador : picado por la curiosidad y un poco nervioso, Alberto decide abrirse paso entre la muchedumbre hasta llegar a la puerta de la nave. De repente, la nave se ilumina y con una cancioncilla sale un extraterrestre grande y azul.
Extraterrestre ( con voz aguda) : Hola, vengo de otro planeta y me gustaría saber cómo educais a vuestros hijos en este planeta. ¿ Te gustaría ayudarme?
Alberto ( boqueabierto) : Sí, por supuesto, yo te enseño todo lo que sé.
Narrador : Junto a Alberto el extraterrestre aprendió muchas cosas útiles e interesantes sobre cómo educaban los humanos a sus hijos. El extraterrestre iba a volver pronto a su tierra natal, pero antes habló con Alberto.
Estraterrestre ( dirigiéndose a Alberto) : Me ha gustado mucho mi estancia aquí y toda la ayuda que me has aportado. Muchas gracias. Pero antes de irme me gustaría preguntarte algo : ¿ quieres venirte conmigo a mi planeta ?
Alberto : ¡ Sí! por supuesto.
Narrador : Y los dos juntos viajaron hasta el fin del mundo.
Un extraterrestre en La Salle
Narrador : diez de la mañana, Alberto llega en autobus a LaSalle. En la entrada, ve una barrera de gente. Curioso se acerca a la muchedumbre.
Alberto ( dirigiéndose a alguien) : ¿ Qué pasa? ¿ Por qué hay tanta gente?
La persona : Adéntrate y mira por ti mismo. Ya me contarás.
Alberto ( se adentra a ver y vuelve con la persona de antes) : ¡ Es impresionante ! Ya no hay edificios, en vez, hay una inmensa nave espacial, con alas y cola incluída.
La persona : ¡ A que sí ! yo estoy halucinando. ¿ Habrá extraterrestres dentro?
Narrador : picado por la curiosidad y un poco nervioso, Alberto decide abrirse paso entre la muchedumbre hasta llegar a la puerta de la nave. De repente, la nave se ilumina y con una cancioncilla sale un extraterrestre grande y azul.
Extraterrestre ( con voz aguda) : Hola, vengo de otro planeta y me gustaría saber cómo educais a vuestros hijos en este planeta. ¿ Te gustaría ayudarme?
Alberto ( boqueabierto) : Sí, por supuesto, yo te enseño todo lo que sé.
Narrador : Junto a Alberto el extraterrestre aprendió muchas cosas útiles e interesantes sobre cómo educaban los humanos a sus hijos. El extraterrestre iba a volver pronto a su tierra natal, pero antes habló con Alberto.
Estraterrestre ( dirigiéndose a Alberto) : Me ha gustado mucho mi estancia aquí y toda la ayuda que me has aportado. Muchas gracias. Pero antes de irme me gustaría preguntarte algo : ¿ quieres venirte conmigo a mi planeta ?
Alberto : ¡ Sí! por supuesto.
Narrador : Y los dos juntos viajaron hasta el fin del mundo.
Verso
En el verso, la
estrategia escogida es : “poemas enredados” que consiste, con dos poemas
breves, entremezclamos sus versos y creamos un nuevo poema.
Los dos poemas
breves escogidos son “ La primavera besaba” de Antonio Machado y “ El puñal
entra en el corazón” de García Lorca.
Además, estas
actividades han sido pensadas para alumnos de tercero de primaria. Y también,
se ha convertido este nuevo poema en un libro de aula.
El libro es el
siguiente :
Prosa
Aquí, la
estrategia utilizada es “los distintos” que consiste en transformar una
historia conocida ( en este caso, Rapunzel) con elementos distintos. Por
ejemplo, los tres cerditos en tres cafeteras.
El año escogido
ha sido cuarto de primaria.
Rapunzel
Rapunzel
Había una vez un
caballo y una yegua que vivían solos y desconsolados por no tener hijos, hasta
que, por fin, la yegua concibió la esperanza de que Dios se disponía a
satisfacer su anhelo. La casa en que vivían tenía en la pared trasera una
ventanita que daba a un magnífico jardín, en el que crecían espléndidas flores
y plantas; pero estaba rodeado de un alto muro y nadie osaba entrar en él, ya
que pertenecía a un águila muy poderosa y temida de todo el mundo. Un día, se asomó la yegua a aquella ventana a
contemplar el jardín, y vio un bancal plantado de hermosísimas verdezuelas, tan
frescas y verdes, que despertaron en ella un violento antojo de comerlas. El
antojo fue en aumento cada día que pasaba, y como la yegua lo creía
irrealizable, iba perdiendo el color. Viéndola tan desmejorada, le preguntó
asustado su caballo :
-“¿ qué te
ocurre, yegua?”
- “¡ Ay!” exclamó
ella, “ me moriré si no puedo comer las verdezuelas del jardín que hay detrás
de nuestra casa”.
El caballo, que
quería mucho a su yegua, pensó : “ Antes que dejarla morir conseguiré las
verdezuelas, cueste lo que cueste”. Y, al anochecer, saltó el muro del jardín
del águila, arrancó precipitadamente un puñado de verdezuelas y las llevó a su
yegua. Ésta se preparó enseguida una ensalada y se la comió muy a gusto; y
tanto le gustaron, que, al día siguiente, su afán era tres veces más intenso.
Si quería gozar de paz, el caballo debía de saltar nuevamente el jardín. Y así
lo hizo, al anochecer. Pero apenas había puesto las coces en el suelo, tuvo un
terrible sobresalto, pues vio surgir ante sí el águila.
-
“¿
Cómo te atreves” le dijo ésta con la mirada iracunda, “ a entrar cual un ladrón
en mi jardín y robarme las verdezuelas? Lo pagarás muy caro”.
-
“¡
Ay!” respondió el caballo, “ tened compasión de mí. “ Si lo he hecho, ha sido
por una gran necesidad : mi yegua vio desde la ventana vuestras verdezuelas y
sintió un antojo tan grande de comerlas, que si no las tuviera se moriría”.
El águila se dejó
ablandar y le dijo :
-
“ Si
es como dices, te dejaré coger cuantas verdezuelas quieras, con una sola
condición : tienes que darme el hijo que os nazca. Estará bien y lo cuidaré
como una madre”.
Tan apurado
estaba el caballo, que se avino a todo y, cuando nació el potro, que era una,
se la presentó al águila y, después de ponerle el nombre de Verdezuela; se la
llevó.
Verdezuela era el
potro más hermoso que viera el sol. Cuando cumplió los doce años, el águila la
encerró en una torre que se alzaba en medio de un bosque y no tenía puertas ni
escaleras; únicamente en lo alto había una diminuta ventana. Cuando el águila
quería entrar se colocaba al pie y gritaba :
-
“¡
Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Verdezuela tenía
un cabello magnífico y larguísimo, fino como hebras de oro. Cuando oía la voz
del águila se soltaba las trenzas, las envolvía en torno a un gancho de la
ventana y las dejaba colgantes : y como tenían veinte varas de longitud, el
águila trepaba por ellas.
Al cabo de
algunos años, sucedió que el hijo del Rey león, encontrándose en el bosque,
acertó a pasar junto a la torre y oyó un canto tan melodioso, que hubo de
detenerse a escucharlo. Era Verdezuela, que entretenía su soledad lanzando al
aire su dulcísima voz. El príncipe león quiso subir hasta ella y buscó la
puerta de la torre, pero, no encontrando ninguna se volvió a palacio. No
obstante, aquel canto le había arrobado de tal modo, que todos los días iba al
bosque a escucharlo. Hallándose una vez oculto detrás de un árbol, vio que se
acercaba el águila y la oyó que gritaba, dirigiéndose a lo alto :
-“¡ Verdezuela,
Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Verdezuela soltó
sus trenzas, y el águila se encaramó a lo alto de la torre. “ Si esta es la
escalera para subir hasta allí”, se dijo el príncipe león, “ también yo probaré
fortuna”. Y al día siguiente, cuando ya comenzaba a oscurecer, se encaminó al
pie de la torre y dijo :
-“¡ Verdezuela,
Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
Enseguida
descendió la trenza, y el príncipe león subió. En el primer momento, Verdezuela
se asustó mucho al ver un león, pues jamás sus ojos habían visto ninguno. Pero
el príncipe león le dirigió la palabra con gran afabilidad y le explicó que su
canto había impresionado de tal manera su corazón, que ya no había gozado de un
momento de paz hasta hallar la manera de subir a verla. Al escucharlo perdió
Verdezuela el miedo, y cuando él le preguntó si lo quería por esposo, viendo el
potro que era joven y apuesto, pensó, “ me querrá más que el águila”, y le
respondió, poniendo la mano en la suya :
-
“Sí,
mucho deseo irme contigo; pero no sé cómo bajar de aquí. Cada vez que vengas,
tráete una madeja de seda; con ella trenzaré una escalera y, cuando esté
terminada, bajaré y tú me llevarás en tu carruaje”.
Convinieron en
que hasta entonces el príncipe león acudiría todas las noches, ya que de día
iba el águila. El águila nada sospechaba, hasta que un día Verdezuela le
preguntó :
-
“Decidme,
tía Gothel, ¿ cómo es que me cuesta mucho más subiros a usted que al príncipe
león, que está arriba en un santiamén?
-
“¡ Ah, malvada!” exclamó el águila, “¿ qué es
lo que oigo? Pensé que te había aislado del mundo, y, sin embargo, me has
engañado”.
Y furiosa, cogió
las hermosas trenzas de Verdezuela, les dio unas vueltas alrededor de su mano
izquierda y, empujando unas tijeras con la derecha, zis, zas, en un abrir y
cerrar de ojos se las cortó, y tiró al suelo la espléndida cabellera: Y fue tan
despiadada, que condujo a la pobre Verdezuela a un lugar desierto, condenándola
a una vida de desolación y miseria. El mismo día en que se había llevado al
potro, el águila ató las trenzas cortadas al gancho de la ventana , y cuando se
presentó el príncipe león y dijo :
-
“¡
Verdezuela, Verdezuela, suéltame tu cabellera!”.
El águila las
soltó, y por ellas subió el hijo del Rey león. Pero en vez de encontrar a su
adorada Verdezuela se halló cara a cara con el águila que lo miraba con ojos
malignos y perversos. “¡Ajá!” exclamó en tono de burla, “querías llevarte al
potro bonito; pero el pajarillo ya no está en el nido ni volverá a cantar. El
gato lo ha cazado, y también a ti te sacará los ojos. Verdezuela está perdida
para ti; jamás volverás a verla”. El príncipe león, fuera de sí de dolor y
desesperación, se arrojó desde lo alto de la torre. Se salvó la vida, pero los
espinos sobre los que fue a caer se le clavaron en los ojos, y el infeliz hubo
de vagar errante por el bosque, ciego, alimentándose de raíces y bayas y
llorando sin cesar la pérdida de su amada potro. Y así anduvo sin rumbo por
espacio de varios años, mísero y triste, hasta que, al fin, llegó al desierto
en que vivía Verdezuela con los dos potritos-leoncitos gemelos, un macho y una
hembra, a los que había dado a luz. Oyó el príncipe león una voz que le apreció
conocida y, al acercarse, reconoció Verdezuela y se le echó al cuello llorando.
Dos de sus lágrimas le humedecieron los ojos, y en el mismo momento se le
aclararon, volviendo a ver como antes. La llevó a su reino, donde fue recibido
con gran alegría, y vivieron muchos años contentos y felices.


¡Hola María!
ResponderEliminarMe han gustado mucho tus creaciones me parecen muy divertidas y muy apropiadas para la edad a la que las has destinado.
Ten cuidado porque he detectado algunas faltas de ortografía. Procura revisar el trabajo antes de subirlo al blog.
Por lo demás
¡Buen trabajo!
Buena valoración, Claudia.
EliminarUn gran trabajo, María. Si tienes un ratillo antes del día 22, puedes dejarlo perfecto argumentando un poco mejor la elección de la edad en relación con los temas, el lenguaje y la longitud de los textos.
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