Adaptación de “la piel de oso”.
Esta adaptación de “la piel de oso” se ha hecho para
alumnos de sexto de primaria, que tienen entre 10 y 11 años.
Érase una vez, en un país muy muy lejano. En una ciudad
aún más lejana, cuyo nombre es imposible de pronunciar. Volvía un hombre joven.
Ese hombre se llamaba Romildo y era sastre. Se había ido de viaje por el mundo.
Volvía a su ciudad después de años habiendo estado fuera. Las cosas en su país
no habían cambiado mucho, y su casa tampoco. Después de un largo viaje de
regreso por fin llegó. Estaba ansioso de ver a sus padres. Llamó a la puerta y
le abrió uno de sus hermanos mayores. Este último no parecía muy alegre en
volver a verle. Le dijo que sus padres habían muerto durante su ausencia y que
no habían podido decírselo por la lejanía y allí, donde estuvo, las cartas no
llegaban. Su hermano además, le dijo que no podía quedarse en casa, porque allí
vivían su familia y la familia del otro hermano y él no cabía. Así que sin más
palabras, el hermano le cerró la puerta.
El joven sastre estuvo obligado a ir primero, a un
albergue con lo poco que había podido ahorrar durante esos años. Después,
estuvo obligado a deambular por la ciudad, visto que ya no le quedaba nada de
dinero y ninguno de sus hermanos mayores le quería en casa. Mientras deambulaba
e intentaba sobrevivir como podía por la ciudad, aprovechó para buscar trabajo.
Pero no hubo suerte. No encontró trabajo. Todos le decían lo mismo, que en la
ciudad había demasiados sastres. Así que decidió encontrar suerte en otra
ciudad. Anduvo por el desierto para llegar a la siguiente ciudad y mientras
andaba, vio a lo lejos palmeras. Pensó que era una ilusión, pero para estar
seguro decidió andar hasta allí, y encontró un oasis. Decidió sentarse a
descansar y a pensar. Mientras pensaba, vio a lo lejos arena levantándose del
suelo. Alguien estaba acercándose bastante rápido. En medio del oasis, se paró
un lujoso cuatro por cuatro de color de la arena. De él bajó un joven muy
apuesto, vestido con un traje negro y gafas de sol del mismo color. Y le empezó
a hablar.
- “ No te veo muy contento, ¿qué te pasa?”.
- “ Soy el hombre más desdichado del mundo… Mis padres
murieron de enfermedad y mis hermanos mayores no me quieren en casa, además no
hay trabajo para mí, ¡ no sé qué hacer!” le contestó Romildo. El hombre de las
gafas de sol le sonrió.
- “Te puedo hacer el hombre más rico del mundo, pero
quiero saber si eres un cobarde.”
De repente, un gran león apareció detrás del joven. Este
se dio la vuelta y, sin miedo, sacó de
su bolsillo un puñal que siempre llevaba escondido en su bolsillo por si le
pasaba algo, mató al león.
–
“ Soy un mago” dijo el joven del cuatro
por cuatro. “ Voy a hacer un trato contigo”, prosiguió sonriendo a Romildo. “Te
voy a dar mi ropa, en la cual en uno de los bolsillos hay una tarjeta, con esa
tarjeta tienes todo el oro del mundo. Pero para llevarla tienes que aceptar
unas condiciones”, comentó. “ Tienes que llevar durante siete años mi traje, y
te tienes que arropar con una capa. Esa capa, será la piel del león que acabas de matar. Además de llevar la capa
y el traje, no podrás ni lavarte, ni cortarte la uñas durante siete años. ¿
Aceptas el trato ?” preguntó el mago. “ Pero no olvides que si rompes una de
estas condiciones durante el pacto tendrás que trabajar para mi el resto de tu
vida”.
–
“ Acepto todas las condiciones” le
contestó Romildo.
Entonces el mago le dio su traje negro y su corbata negra
así como la piel del león , con la cual se arropó el joven. Pero antes de que
se fuese el mago este último comprobó que estuviese la tarjeta en uno de los
bolsillos.
Los días pasaban y Romildo, ahora, buenafortunado,
disfrutaba de la vida. Empezó comprándose una casa y un coche y después,
amontonaba lingotes de oro recién comprados en cofres que había especialmente
comprado para ello. Y él seguía disfrutando de su vida. Yendo a casinos y a los
mejores restaurantes de su ciudad. Pasaban las semanas, los meses y el pelo le
crecía cada día un poco más, así como las uñas y la barba. De no poderse duchar
ni cambiar de ropa Romildo empezó a oler mal. Poco a poco, la gente se iba
apartando de él. Ya no podía ir a jugar al casino ni a comer a grandes
restaurantes de lo mal que olía. La muchedumbre se apartaba de él. Así que un
día, decidió hacer algo que nunca había hecho, decidió ayudar a la gente para
ver si así le aceptaban.
Después de cinco años cumpliendo el pacto, Romildo estaba
repugnante. No le querían ni en su propia casa. No le quedó más remedio que
dormir en la calle. Y mientras pasaban los días, Romildo decidió ocupar sus
jornadas. Cada día, elegía una casa donde él creía que vivían las personas más
necesitadas y dejaba un lingote de oro delante de la puerta principal. De esta
manera quería devolver a las personas más necesitadas lo que la suerte le había
otorgado a él de forma inesperada en la peor de las situaciones. Un día,
mientras se disponía a dormir en la calle oyó un sollozo. Siguió el ruido hasta
que encontró un hombre mayor llorando. Le preguntó lo que le pasaba y el
anciano le contó que había perdido su casa jugando en el casino y que se la
iban a quitar. El hombre mayor multiplicó su llanto, al decirle que además
tenía tres hijas en edad de casarse y que no se podía quedar sin casa y sin
dinero. Romildo, apiadado, le ofreció su dinero. Este último lo aceptó de
inmediato con una gran sonrisa ofreciéndole una de sus hijas en matrimonio. El
benefactor rechazó la propuesta pero le pidió al anciano poder ir a su casa, y
así lo hicieron.
Una vez allí, le
presentaron a las dos hermanas mayores. Las dos mayores eran mujeres muy guapas
pero también muy tontas y al joven no le gustó ninguna de las dos. Además,
entre ellas siempre se reían de las pintas del joven. Después le presentaron a
la más joven, y era, según él, aún más
guapa que sus hermanas. Era la más guapa de las tres. El joven sastre estaba
por pedirle matrimonio pero antes la quería conocer. Y así hablaron y hablaron
durante horas, y a Romildo, además de guapa, le parecía muy inteligente. La
joven chica pensaba que, detrás de tanta repugnancia se escondía un chico guapo
y listo, y cada día le gustaba más. Un día, Romildo le dijo a la chica :
-” Espérame durante dos años más y nos casaremos, como
prueba de mi amor te doy este anillo, quédatelo y no me olvides. Yo por mi
parte también guardaré otro anillo igual, no te preocupes, son idénticos”. Su
enamorada lo aceptó.
Después de dos años y con unas pintas horribles Romildo
por fin volvió al oasis del desierto. Esperó un rato y apareció el mismo cuatro
por cuatro de color arena. De él, bajó el mago un poco enfadado porque Romildo
había ganado la apuesta. Después de unas rápidas palabras el mago le dijo que
había cumplido con el pacto y le devolvió su aspecto normal a Romildo. Le quitó
el traje, la capa y le cortó el pelo, las uñas y lo lavó. El hombre, una vez
que recuperó su aspecto volvió a su hogar. Allí compró un coche de lujo y se
dirigió a la casa de su amada. Cenaron y mientras cenaban el chico se dio
cuenta de que su amada no le había reconocido y que estaba muy triste. Después
de la cena decidió que era el momento oportuno para darle el otro anillo que él
tenía. Al ver el anillo, ella lo comprendió todo de golpe y los dos se
abrazaron.
Al final, celebraron su enlace y vivieron felices el
resto de sus días. Por su parte, las dos hermanas mayores, celosas decidieron
irse de la ciudad y después de andar durante muchos días por el desierto
acabaron murieron extenuadas.
En conclusión, este texto folclórico se ha adaptado para alumnos
de sexto de primaria. En la adaptación de “la piel de oso” no se han cambiado
los motivos principales que son primero, el tesoro oculto, los siete años de
esclavitud, segundo el viaje, cuando encuentra al mago y finalmente, el amor,
cuando el protagonista se enamora. Tampoco se ha cambiado la muerte de las
hermanas mayores porque los niños son conscientes de su propia mortalidad*,
esto quiere decir que aceptan la muerte. Además, los niños entienden el amor.
Pero si se han podido cambiar el diablo por un mago, el
dinero que sale de los bolsillos por una tarjeta y el hombre que es
originalmente un soldado por un sastre, para adaptarlos a alumnos de once-doce
años. En definitiva, se puede decir que el texto se ha modernizado porque los
chicos ya son capaces de hacer la separación del mundo interior- exterior o
imaginario-no imaginario*. Los alumnos saben que el cuento es ficticio. Puede
que los alumnos quieran ser como el sastre de mayores pero no se identifican
con él. También, en el cuento se han hecho descripciones ( sobre todo del mago)
ya que se fijan en las características de los personajes, como la vestimenta.
Bibliografía
1* : http://laprimariaonline.com.ar

Perfecto.
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